COMPRAR ONLINE
COMPRAR ONLINE
COMPRAR ONLINE
COMPRAR ONLINE
COMPRAR ONLINE
COMPRAR ONLINE
COMPRAR ONLINE
COMPRAR ONLINE

 

Premio Nocte 2014

Mejor Novela Nacional.

OUTLET CULTURA HACHE

La polilla en la casa del humo

Reseña de la novela de Guillem López publicada por Aristas Martínez

 

“El fandom es un nido de víboras, abundan las envidias y las puñaladas traperas”, escucho demasiado a menudo. Yo, que trato siempre de observar el paisaje que me rodea desde la ventana de mi cuarto interior, pienso: Será. Pero entonces, de cuando en cuando, ves que surge un autor o una obra en concreto que pone de acuerdo a propios y extraños. Compruebas cómo se envuelve de una respuesta positiva casi unánime, que recibe halagos no sólo de los lectores, sino también de editores y compañeros de letras; los mismos que se suponían incapaces de reconocer de forma abierta el talento ajeno. Eso te habían dicho. Quizás es que la cosa no sea tan mala como te la pintaron. O quizás es que hay evidencias contra las que resulta imposible luchar y no queda más remedio que aceptar que, en efecto, hay personas por el mundo adelante capaces de destapar las vergüenzas ajenas.

 

Así llegué hasta Guillem López, siguiendo el runrún incesante de críticas halagüeñas hacia su anterior trabajo, ese Challenger que me fue imposible encontrar en las librerías de mi ciudad (paso de utilizar este medio para quejarme de forma airada de las injusticias del sector, que obliga a relegar grandes obras al pie de las estanterías del fondo, mientras te estampa en la cara el último libro del tronista de moda). Tan pronto me llegaron las primeras noticias con respecto a La polilla en la casa del humo, intuí que ahí había algo. Algo más, quiero decir. Algo que encajaba con lo que busco como lector, con lo que ansío conseguir como escritor.

 

No me equivocaba.

 

Estamos ante una novela dura y densa por momentos, un cruce de referencias variopintas con las que el autor compone algo nuevo, tirando por un camino que he intentado transitar yo mismo con mayor o menor fortuna. Desde luego, creo que no conseguí extraer la belleza literaria oculta entre la inmundicia como lo hace Guillem López en esta novela corta que no da tregua al lector.

 

Narrada en implacable primera persona por su protagonista, Veintiuno, con todo lo que de subjetividad implica eso, la trama avanza a golpe de frases lapidarias, de párrafos cargados de verdad y de un preciosismo soez digno de elogio. El narrador está definido con pasmosa naturalidad, como si Guillem no fuera Guillem mientras nos trasladaba sus desventuras, como si se hubiera convertido realmente en ese despojo físico y moral con el que, pese a todo, consigue hacernos empatizar, anhelar que consiga su propósito, sea este o no loable, y haga lo que haga falta para que se salga con la suya. Da igual porque nosotros, como Guillem, somos Veintiuno mientras estamos enfrascados en la lectura. Ya llegará después, tras pasar la última página, el momento de reflexionar y emitir un juicio de valor. Y casi seguro que no os gustará averiguar en qué nos ha convertido el autor por un momento.

 

¿Hay pegas? Por supuesto. Pero no me apetece ponerme a analizar en detalle una novelita que me ha hecho disfrutar tanto como esta. Por no resultar demasiado transigente, señalaré que quizás en algunos momentos me chocó lo consciente que es Veintiuno de la ruindad que le rodea, que tal vez debería aceptar con más naturalidad, juzgar con menos precisión o rigor analítico. O no, esto es algo pillado un poco por los pelos, seguramente una impresión mía, y tú, que estás leyendo esta opinión, tengas otra bien distinta. Porque, ¿acaso no somos los seres humanos criaturas insatisfechas por naturaleza? Casi siempre. Pero, ¿es humano Veintiuno? Sí, de eso no me cabe duda. De entre toda la creación del dios de la mecánica, esos condenados a la subsistencia en el abismo del pozo, puede que sea lo más humano. Con todos sus defectos, o precisamente por ser consciente de ellos.

 

Pero concluyo, que me estoy desmarcando de la opinión y entrando en el tedio y la parcialidad de la reflexión. Resumiendo: si no os importa que un escritor consiga ensancharos las tragaderas a base de una prosa tan inclemente como refinada, si no teméis descubrir que podéis disfrutar de la bajeza, los lodazales, el horror humano y mecánico, la soledad, la apatía y la muerte como única vía posible de liberación, esta es vuestra novela. Si veníais buscando una novela de digestión fácil, mejor echad un vistazo por las pilas de libros de las cabeceras, entre esos en los que los nombres de los autores aparecen más grandes que los títulos de sus obras.

 

Ahora que lo pienso, ¿os he dicho algo sobre el argumento? Bah, da igual. Leedla.

 

Escribir comentario

Comentarios: 0