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Premio Nocte 2014

Mejor Novela Nacional.

OUTLET CULTURA HACHE

Yo, zombi

Reseña de la novela de Óscar Urra

Yo, zombi - Óscar Urra
Yo, zombi - Óscar Urra

Es esta una novela de zombis. Quizás la novela que aborda de manera más directa la travesía hacia la muerte andante, hacia una no-vida que carece de sentido. No se perciben, pues, grandes cambios con respecto a la existencia tal y como la conocemos, o tal y como la percibo.

La historia está narrada en primera persona por su protagonista, Alejandro Sen, un adolescente madrileño que tras ser mordido e infectado por una mujer, en el andén de una estación de Cercanías, acaba estableciéndose en El Cuartel, refugio de muchos otros que, como él, se encuentran en un estado de tránsito hacia la zombificación definitiva, y que se definen a sí mismos como “impuros”. Esto es, ni muertos ni redividos todavía. En El Cuartel se mantiene un equilibrio, un sistema que les permite subsistir hasta que llega el momento de la conversión definitiva, y el sacrificio voluntario a manos de sus compañeros. Una suerte de alegoría de los sistemas asamblearios que tan en boga están en la actualidad, y que son parodiados sin apenas mordacidad, más bien por dejar patente que la novela bebe de nuestra realidad directa.

El estar a meced de un sistema que poco a poco se vuelve cada vez más férreo, y que Alejandro Sen no se cuestiona en ningún momento (hasta que otros que sí lo hacen amenazan la tranquilidad de El Cuartel), hace que cueste conectar con él. Tampoco busca el autor que empaticemos con su situación, es evidente, y esto nos deja sin asideros emocionales que nos inviten a querer avanzar por las páginas de la novela para algo más que recrearnos en las imágenes preciosistas que hilvana Urra.

Quizás en ese aspecto encontremos la verdadera fuerza de la propuesta, ya que el autor realiza un despliegue abrumador de recursos narrativos, un lirismo con el que impregna cada página de un tono melancólico y desesperanzado. Muy zombi. También es probable que este mismo afán esteticista, más efectista que efectivo para lo que se nos está contando, aleje al público potencial de la temática zombi, tan acostumbrado a esos patrones y lugares comunes que son esquivados en todo momento. Como consecuencia, se reduce bastante su target de público, si tenemos en cuenta que un lector más exigente tiende a huir del subgénero Z. Esto hace que se quede la novela en tierra de nadie, caminando hacia ninguna parte, intentando hincar el diente con torpeza a cualquier desorientado que se le acerque.

Para rematar la sensación de desapego que impera a lo largo de su lectura, por momentos la narración se torna demasiado alambicada, con párrafos extensísimos en los que no se da tregua al lector, que se ve bombardeado por figuras retóricas y malabares estilísticos que ralentizan todavía más el ritmo. Por otra parte, integrar los diálogos en la narración es una muestra de intrepidez que me suele gustar, pero que en este caso juega también en contra, al rebajar más, si cabe, el ritmo del conjunto.

Así pues, reitero lo dicho al comenzar esta breve reseña: es esta una novela de zombis; despojada de emociones. Los ojos del lector transitan de una página a la siguiente, sin sentimiento, desapasionadamente, sin una trama sólida a la que aferrarse. Sólo deambulamos y asistimos como espectadores sin voluntad a lo inevitable. Como muertos en vida.

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