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Premio Nocte 2014

Mejor Novela Nacional.

OUTLET CULTURA HACHE

Soy corto

En algunas ocasiones me han preguntado, incluso en entrevistas, por qué escribo novelas cortas, o para cuándo un tochote. Es una pregunta que me hace gracia, porque siempre se lee entre líneas la insinuación de que una novela no es tal si no tiene a partir de X miles de palabras.

Bien, pues sin que nadie me lo haya preguntado ahora, voy a responder.

Escribo lo que me gusta leer, así de sencillo. No digo que no disfrute de novelas más largas, pero en la inmensa mayoría de ellas descubro que se podía contar lo mismo en la mitad de extensión o menos, que el autor me está mareando la perdiz para vender su libro al peso, que es como exige el mercado. Libros que luzcan bajo el brazo cuando vas en el autobús o en el metro. Lo malo es que tengo cada vez menos tiempo para leer, así que no me gusta que me hagan perderlo a lo tonto.

Si me piden que atienda más allá de las trescientas páginas, espero que estén más que justificadas. De la misma manera, no quiero hacer perder el tiempo a los lectores, les pido que me presten la atención justa para contarles lo que pretendo. Ni más ni menos.

Lo cierto es que a la hora de sentarme a escribir no me planteo jamás la extensión que tendrá la obra. Lo curioso, que mis novelas siempre acaban rondando las cincuenta mil palabras. Lo que se considera novela corta o nouvelle. Trasladadas a un libro, entre 180 y 230 páginas, dependiendo del formato, maquetación o tamaño de la fuente. Para mí, como lector, es lo ideal. Y ya digo que no es premeditado, es lo que me piden las historias, ni más ni menos. Es rara la ocasión en la que extiendo algún capítulo, y muy frecuente que recorte. A la hora de revisar, muchas veces acabo metiendo la tijera en pasajes que considero que no aportan a la trama, o que son prescindibles en el conjunto y ralentizan el ritmo. A mis editores no les gusta tanto como a mí que haga eso. Normal, tienen que velar por la viabilidad comercial del libro. Tengo la suerte de que hasta la fecha confiaron en mí y no pusieron pegas al respecto.

Con todo esto no quiero decir que no vaya a escribir nunca una novela más larga. Lo haré, sin duda. Cuando tenga algo que contar que requiera más espacio, por supuesto. Como en todo, creo que el escritor debe foguearse. Empecé como relatista, casi siempre con relatos muy cortos y contundentes. Con el tiempo fui necesitando mayores extensiones, según iba añadiendo elementos que volvían más complejas las tramas que manejaba. Aunque sigo escribiendo cuentos cortitos, rápidos y lapidarios. Es un placer al que no quiero renunciar, pese a saber que no tienen mercado. Nunca se sabe cuándo podré cruzarme con un editor intrépido que dé visibilidad a mi vena más absurda.

O quizás no, quizás nunca llegue a escribir nada más largo, y este sea mi formato ideal, en el que me muevo con soltura y donde puedo dar lo mejor de mí mismo. ¿Para qué estropearlo? ¿Para que uno de mis libros vista mejor el papel de regalo, o llame la atención sobre el regazo de un paisano en el transporte público? Qué va. Escribo para que me lean, no para que luzcan mis libros como complementos.

 

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