COMPRAR ONLINE
COMPRAR ONLINE
COMPRAR ONLINE
COMPRAR ONLINE

Premio Nocte 2014

Mejor Novela Nacional.

OUTLET CULTURA HACHE

Piel de fantasma

Reseña #2

 Siempre me asaltan las dudas a la hora de encarar la reseña de una antología de relatos. ¿Qué es lo aconsejable, valorar el conjunto de la obra o cada texto de manera individual? Imagino que cada cual tendrá su teoría, sus preferencias o sus gustos.

 

Si la obra respira una misma atmósfera en su conjunto, o los relatos van unidos por un hilo conductor, la respuesta es obvia. Pero si, al contrario, cada relato conforma su propio universo, es difícil que el lector se haga una idea si te limitas a comentarlos pasando por encima.

 

Tengo que decir que en caso de Piel de fantasma, compilación de algunos de los mejores relatos fantásticos de Rafael Marín, la decisión fue relativamente sencilla: es imprescindible utilizar ambos sistemas. Cada texto se puede leer por separado, pero una vez terminada la antología queda patente que el autor tiene unos puntos de referencia, unas pautas y motivaciones recurrentes. Quizás sea algo inconsciente, pero dudo que los editores hayan seleccionado los textos al azar y el trabajo de recopilación es soberbio.

 

De entrada sorprende que una obra enmarcada dentro del género fanta-terrorífico, con un poco de horror hispano y un mucho de horror humano, posea una calidad literaria como la del libro que nos ocupa. Rafael Marín ha sido para mí un descubrimiento impresionante más allá de sus guiones para el mundo del cómic y ahora me veo obligado a rastrear su obra para ponerme al día. Y es que después de leer este libro siento que he perdido demasiado tiempo al no haberlo conocido antes.

 

Narraciones clásicas, sugerentes, anárquicas,… Algunas enrevesadas, otras aparentemente sencillas (ojo, es sólo una impresión, porque siempre hay mucho más en el fondo de lo que se atisba desde la superficie), pero desde luego un idioma propio que cuenta lo mismo de siempre como si fuera la primera vez que se lee. Complicadísimo, por descontado.

 

Pero profundicemos un poco en cada relato, porque es inevitable y además un placer que no quiero dejar pasar:

 

Bibliópolis:

 

Tradicional historia de ciudad onírica en la que reside la inspiración, la musa de los artistas. El relato tiene un tono romántico que le confiere encanto, y el pasaje con el descendiente del protagonista es un gran acierto, ya que resulta extrañamente inquietante.

 

Ragnarok en las playas de Itaca:

 

Relato que juega con la mitología griega para dar una lógica a la historia contemporánea. Impagable la teoría del nacimiento del cristianismo. Narrado con fluidez, se deja leer con facilidad.

 

Una canica en la palmera:

 

La prosa anárquica, alejada de convencionalismos, suele gustarme, pero en este caso, además está justificada. Historia muy clásica y predecible, pero no por ello exenta de encanto. La niña protagonista se gana el cariño del lector desde los primeros párrafos, y te arrastra en su historia de fantasma atrapado entre dos mundos.

 

La piel que te hice en el aire:

 

    Ya desde el título el autor nos sumerge en una narración de bellísimo lirismo. Un relato largo que engancha desde las primeras líneas, despertando la necesidad de obtener respuestas. Un párrafo tras otro, el lector se ve golpeado por frases contundentes, imágenes proyectadas con precisión; sentimientos transmitidos con la maestría de un orfebre. Uno de los mejores relatos que he leído, sin duda, y no solamente de esta antología.

 

La sed de las panteras:

 

Destaca en el conjunto por su originalidad. La historia, que se desarrolla durante la guerra civil española, nos sitúa en la perspectiva de un soldado francés que lucha en el frente republicano, cuyos antepasados ya estaban ligados a España y a su herencia artística. A partir de esta premisa, el autor sorprende con un giro argumental que detona una legendaria e hipotética obra de Goya: La maja muerta.

 

A estas alturas de la antología ya queda patente un denominador común, y es que todos los textos hacen alusión al pasado, bien sea a la propia infancia de los personajes o a un pasado histórico. Es una constante que se repetirá a lo largo de todo el libro y que denota una cierta añoranza, sin llegar a proyectar la idea de que cualquier tiempo pasado haya sido mejor, sino al contrario.

 

El último suspiro:

 

Otra narración anárquica, hermana de Una canica en la palmera, en la forma (ambas asumen el lenguaje propio de sus respectivos protagonistas) y en que comparten personaje y espíritu. Un protagonista que de nuevo se gana el cariño del lector con su mezcla de cercanía e inocencia. Gracias a esto, y a los largos párrafos con disertaciones, se hacen mucho más creíbles los elementos fantásticos.

 

En lo referente a la trama, otra vez estamos ante un relato clásico de fantasmas, con el elemento clave de amor-venganza como motor.

 

Son de piedra:

 

Última parte de lo que se destapa como una “trilogía de fantasmas”, que probablemente habrá dado título al libro, y que inicia Una canica en la palmera y continúa con El último suspiro.

 

De nuevo el viaje al pasado, en esta ocasión más literal y lejano, se revela como clave de la trama; una historia cuya protagonista es una médium con la capacidad de escuchar ecos del pasado en la piedra. El mutismo de su recién adquirida casa, cuyas paredes claman por revelar un secreto guardado durante más de un siglo, la arrastrará a través de un drama de amor y muerte.

 

Llena eres de gracia:

 

El relato más largo de la antología (casi una novela corta) es también el más sencillo de resumir. Estamos ante la clásica lucha de agentes religiosos contra demonios que habitan, literalmente, sobre la tierra. La innovación es que el autor lo ambienta en el mundo de la moda y la alta costura, y la protagonista es una monja de pasado turbulento que pasa a formar parte de un “trío santo” de métodos contundentes y viscerales.

 

Destaca el estilo cinematográfico en que está narrado, que lo convierte en un relato ágil y entretenidísimo.

 

Volver a Sitges:

 

Relato corto de una rutina truncada. Agradable y cargado de sentimiento.

 

A veces corren:

 

La aportación de Marín al subgénero zombi. Un texto corto y entretenido en el que el autor deja patente su facilidad para reinventar géneros sin necesidad de revolucionarlos.

 

Sombras de candilejas:

 

Relato que destapa la cinefilia de Rafael Marín. Narrado en primera persona por el mismísimo Chaplin, que espera la llegada de Douglas Fairbanks en la fiesta de estreno de La máscara del zorro. Impresionante la cantidad de guiños en un texto de apenas seis páginas, que remata con una clara alusión a un mítico personaje de ficción (aquí queda patente el trabajo del autor en el mundo del cómic), a través de una anécdota, en una vuelta de tuerca sorprendente.

 

That's all right mama:

 

Y para cerrar la antología, un curioso microrrelato del que no se debe desvelar nada para preservar su efecto.

 

En resumen, como lector me he topado con una de las mejores antologías que he leído hasta la fecha. Rafael Marín es un escritor con mayúsculas que podría haberse dedicado a cualquier género, pero se decantó por un fantástico del que va camino de convertirse en uno de los maestros indiscutibles.

 

Ahora me toca hacer los deberes para poder corroborarlo.

 

 

 

Escribir comentario

Comentarios: 0