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Premio Nocte 2014

Mejor Novela Nacional.

OUTLET CULTURA HACHE

¡Alerta!

 

Como este es el enésimo blog que empiezo, ya me voy a dejar de presentaciones y entraré directo al tema.

 

Tengo por costumbre crear Google Alerts con los títulos de las obras que voy publicando. Es la forma más sencilla de recopilar las reseñas que van apareciendo y conocer la opinión de los lectores (y llevarme las hostias necesarias o una dosis de vitaminas para el ego, según el caso). Supongo que todavía no soy tan conocido como para que me entren centenares de mails, así que de momento seguiré haciéndolo.

 

En los últimos dos meses, por cada aviso que me llegó enlazándome a una reseña, entraban otros veinte que me llevaban directamente a una web de descargas gratuitas. Puede servir de baremo para calcular la proporción de personas que se leen mis libros de forma lícita o al margen de la legalidad (que es un eufemismo para decir que lo hacen por la cara, vaya).

 

Esto no deja de ser anecdótico en el escalafón que ocupo dentro de este tinglado, pero me produce algo de vértigo pensar en los autores que están en el siguiente peldaño, los que acarician el sueño de vivir de su trabajo.

 

No voy a cuestionar a nadie, ojo. Lo dije siempre y lo mantengo, cada cual es libre de acceder a los contenidos como le plazca, siempre que se permita (y se permite). Después entra dentro de la ética personal el decidir si se quiere contribuir o destruir la industria cultural. Y no hablo de la foránea, que está más que respaldada y protegida, sino de la producción propia, esa cuya calidad no nos cansamos de defender frente al "invasor" extranjero que copa el mercado de ocio. Lo que viene de fuera ya ha sido rentabilizado de forma sobrada antes de que nos llegase.

 

Es posible, y esto es conjetura, que si a un escritor para minorías como yo le leen dos mil personas, pero solo cien se han comprado el libro, dejen de publicarle en algún momento. Ojalá me equivoque, claro, pero a ningún sello editorial le interesaría invertir su pasta en un fulano que a duras penas llega al centenar de ejemplares vendidos, por mucha gente que le estuviera leyendo y por muchas palmadas en la espalda que recibiese. Ni a mí me compensaría el tiempo y esfuerzo invertido, para qué engañarnos. Pegarme X meses entre documentación, preparación, ejecución y correcciones, para luego cobrar un máximo del 10% en concepto de royalties de apenas un centenar de libros vendidos, es como mínimo un mal negocio, y desde luego una de las profesiones más precarias que pueden existir. Echad cuentas.

 

Eso sí, es improbable que deje algún día de escribir, pero como dice mi amigo Nacho: "Sin lectores, un escritor sería un fantasma, un aporreador de teclados con los cajones llenos." El problema es que para la industria de nada vale sumar un lector, sino que este haya pagado por serlo. Por consiguiente, ese lector es un fantasma para mí también. Quizás pronto me reúna con él en el "más allá" literario.

 

Resumiendo, y con esto termino esta primera entrada, no está en juego mi creatividad; el que peligra es el escritor. Al menos como entidad real.

 

 

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Comentarios: 2
  • #1

    Nacho (miércoles, 22 enero 2014 20:09)

    Creo que lo has clavado: escritor fantasma con lectores fantasmas da lugar a una profesión fantasma que ni existe ni, lo que es peor, se la espera.

  • #2

    gallinasviejas (miércoles, 22 enero 2014 20:18)

    No se la espera, está claro. No en un país en el que el libro más vendido es el que escribieron para poner el nombre de Belén Esteban en la portada.